martes, 8 de setiembre de 2009

Hay 427 menores de edad en 8 centros especializados

  LISTIN DIARIO   Yanela Zapata

SIETE DE LOS OCHO INTERNADOS SON PARA VARONES Y UNO PARA NIÑAS Y ADOLESCENTES
Santo Domingo.- Su rostro expresaba seguridad; sus palabras, la certeza de saber lo que decía. Han pasado más de tres años después del día en que la sentenciaron, pero hoy siente que la vida le da otra oportunidad lejos del mundo de la delincuencia. En aquella ocasión tenía 17 años, lo suficiente como para ser sentenciada a cinco de internamiento en uno de los ocho centros especializados para menores de edad de República Dominicana.
La llamaremos Ana. Tiene ya 21 años de edad, una hija de cinco primaveras y el comienzo de una carrera universitaria. Ana, una joven que antes recurría al delito para vivir, ha vivido una evolución resultado de una educación psicológica, pedagógica y emocional realizada en el Instituto Preparatorio de Niñas, el único centro especializado de jóvenes que trabaja sólo con mujeres.
Día tras día, Ana asume su papel de estudiante, ayuda en los quehaceres de la “casa”, realiza sus tareas y, con la motivación de superarse, sale del barrio Villa Consuelo para tomar el transporte público y asistir a sus clases. La potestad de conducirse sola y sin vigilancia se debe a que esta universitaria se ganó un permiso especial por la responsabilidad, la honestidad y la obediencia que demuestra cada mes que pasa en su nuevo hogar.
“Antes de estar aquí, yo era un desastre. Vivía metida en la calle haciendo lo mal hecho, robaba y atracaba. Vivía con quien era en ese entonces mi novio y tuve una hija. Si vieran cómo vine aquí y cómo estoy ahora, notarían la diferencia. Todo cambió a partir de ese momento”, narró la mayor de las 26 adolescentes que están internas en el instituto.
El Instituto
La terraza situada en el patio sirve de espacio de recreación a las adolescentes que, entre juegos, lecturas y dormidas, descansan los cuerpos luego de una faena de limpieza y estudios. Por ser éste el único centro de mujeres en el país, las niñas conviven todas juntas, las de paso temporal de 30 días y las que permanecerán hasta un máximo de cinco años, contrario a lo que establece la Ley 136-03, el Código para la Protección de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes.
“Tenemos una debilidad que impide un poco el proceso de reeducación de las niñas, y es que tanto las que estarán aquí por 30 días bajo observación, como las que durarán años para ser reeducadas, están juntas. Eso viola la Ley, pero es que somos el único instituto de mujeres del país”, explica la directora Milagros Núñez.
La infraestructura de este instituto tiene más de cinco décadas. Su fachada externa, sus paredes y el estilo antiguo dan pistas de que miles de niñas han entrado y salido por su puerta. Su historia cuenta que fue fundado en 1957, en Cambelén, San Cristóbal, pero que en 1964 lo trasladaron a Villa Consuelo, a la actual instalación: una casa que perteneció al dictador Rafael Leonidas Trujillo.
En sus inicios, sus habitaciones las ocupaban cien niñas, que distribuidas en camas dobles, formaban una comunidad con un futuro por delante y un pasado que corregir. Hoy, Núñez es una educadora que desde 1986 recibe con los brazos abiertos a un promedio anual de 125 niñas y adolescentes.
Tragedia
Hay recuerdos que no se olvidan y el año de 1995 es uno de ellos. Producto de un incendio que provocaron unos abanicos eléctricos, 12 niñas y dos educadoras resultaron quemadas mientras dormían. En el accidente murieron ocho de las jovencitas y una de las educadoras. En aquel momento se criticó el estado en que se encontraba el instituto, lo que condujo a las autoridades de Salud Pública a invertir más en este centro.
Un día en el centro
Ana y sus compañeras se levantan a las 6:00 de la mañana. Se dividen en las distintas áreas de la casa y a las 8:00 los pisos huelen a limpio. En lo adelante, asiste a sus clases universitarias, mientras que las demás estudian en las tres aulas del centro, donde reciben las enseñanzas de cuatro profesoras que las educan hasta el mediodía.
Las horas de la tarde no son pérdida de tiempo. Con talleres de belleza, manualidades, costura, cocina e informática, Ana y sus amigas aprenden un oficio hasta las 6:00. Los sábados también son días de acción, pues las clases de inglés y de matemáticas ocupan parte de sus mañanas.
En la actualidad, hay siete de las adolescentes que están en el bachillerato y que asisten a las clases que imparten profesores de liceos en el centro. Pero la sorpresa la causa el dato de que el perfil común de las ingresadas es el de niñas que, a pesar de tener problemas familiares, estar casadas y tener hijos, estudiaban. De las 26 internas, sólo una es analfabeta. “Antes venían muchas niñas analfabetas, pero ahora no. Sólo una de ellas no está bien alfabetizada”, aseguró la directora del centro.
Las 7:00 de la noche es el indicador de que la hora de ver televisión, jugar, leer y hacer algún ejercicio creativo llegó, luego de haberse bañado y cenado. De vez en cuando las niñas discuten y el grupo de amigas se dispersa, porque la depresión, la soledad y la falta de aceptación entre ellas impiden la comunicación y favorecen la división. Sin embargo, cuando el reloj marca las 9:30 contienen sus diferencias para comenzar un encuentro de reflexión sobre un tema social. Es aquí cuando una de ellas, guiada por una educadora, dirige el debate.
A las 10:00 sus camas de doble piso les esperan junto a dos educadoras o “mamás”, para ir a dormir. “No duermen solas, dos educadoras les acompañan en la habitación, y a veces, hasta la mujer policía”, aclara Núñez.
En la casa trabajan 32 empleados, que desempeñan las funciones de trabajadoras sociales, psicólogas, educadoras (“mamás”), profesoras, cocineras, mensajero y personas de apoyo. Este instituto recibe de la Secretaría de Salud Pública y Asistencia Social (SESPAS) RD$195,000 al mes, presupuesto que cubre los gastos de alimentación, material gastable, mantenimiento, medicamentos y transporte.
Hay siete baños, tres salones de clase, una biblioteca, un salón de cómputos, un salón multiuso, comedor, cocina, patio y terraza.
“Al principio me sentía muy mal, me quería ir. Pero ahora sé que cuando me liberen podré reintegrarme a la sociedad, trabajar y seguir estudiando para graduarme de abogada. Creo que hay oportunidades que el joven debe aprovechar, a veces tomamos el camino equivocado, pero nunca es tarde para comenzar de nuevo”, expresó Ana con seguridad.
Después de que termina su día, Ana se dispone a dormir y a soñar. Todavía le resta más de un año para cumplir su sentencia, pero afirma que ya se siente preparada para comenzar una historia en la que vendrán nuevos retos y oportunidades.
“Hay que superarse y dejar la mala vida, eso no deja nada”, expresa con convicción.
LA PREVENCIÓN Y EL ROL DE PROTECCIÓN
En el territorio dominicano, hay ocho centros especializados en niños, niñas y adolescentes distribuidos en el Distrito Nacional, San Cristóbal, La Vega, San Francisco de Macorís, Santiago e Higu¨ey.
De este total, siete son de hombres y uno de mujeres.
Según datos del 31 de agosto de 2009 que archiva la Procuraduría General de la República, 427 niños, niñas y adolescentes están internos en todo el territorio nacional, una diferencia de 46 menores con respecto al número de internos de diciembre de 2008, que eran 381. De acuerdo con Marisol Tobal, procuradora adjunta encargada del departamento de Niñez y Adolescencia de la Procuraduría General de la República, no hay registros de los niveles de reincidencia en actos delictivos.
De los ocho centros especializados, cuatro los administra la Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social (SESPAS).
La Ley 136-03 establece que la Procuraduría General de la República debe tener bajo su administración los centros especializados, sin embargo, todavía no se ha hecho el traspaso completo de estos centros de atención integral.
“Tenemos que concluir el proceso de transferencia de los cuatro centros que administra Salud Pública, para cumplir con lo que dice la ley”, afirmó Tobal.
Pero al compromiso de transferir estos institutos especializados a la institución responsable, también se suma el deber de enfrentar el problema a tiempo. Por eso es que la directora del Instituto Preparatorio de Niñas, Milagros Núñez, sugiere el desarrollo de un sistema de prevención que enfrente el problema antes de que surja.
“Es necesario que exista un centro en cada comunidad que se encargue de orientar a la juventud y de involucrarla en actividades que contribuyan con su desarrollo y crecimiento”, dijo.
La Procuraduría tiene la competencia de proteger a las personas menores de edad después de que infringen la ley, mas no de la prevención del problema. Por tanto, esta responsabilidad se divide en pedazos entre instituciones que no tienen como función principal esta materia preventiva.
“Hay que trabajar más con la prevención, darles más oportunidades a esos muchachos, porque esos jóvenes además de ser agresores, son agredidos”, precisó Tobal, al preguntarle qué hacer para enfrentar la delincuencia en menores de edad.
Para Núñez, quien dirige uno de los centros que administra Sespas, otro de los retos que tienen es el de formar más a los técnicos.
Según su versión, hace años que no reciben capacitación y han tenido que hacer diligencias particulares para entrenarse en las áreas que cualquier técnico que supervisa estos centros debe desarrollar.